LA VERDEJO
La variedad Verdejo ocupa en la actualidad más de la mitad del viñedo en la comarca de Rueda. Se trata de una variedad tradicional en estas tierras de la orilla izquierda del Duero, muy rústica y vigorosa, que está acostumbrada a manifestar su esplendor cercana a los 13 grados de alcohol. Para vinos jóvenes, la Verdejo aporta raza y regularidad a las cosechas.
El rueda de Verdejo cautiva a la nariz, mostrando delicados aromas vegetales, anisados y a hierba de heno. Es un blanco fresco en la boca, con un amargor final característico, que añade elocuencia al vino y convierte esta uva en una de las viníferas más personales del patrimonio español.
Es la uva blanca de Rueda, de la franja del Duero y de otras áreas de Castilla. De antiguo era la base de los denominados "vinos de solera", rancios, con largas crianzas en toneles. En la actualidad, la verdejo se ha sumado a las nuevas tendencias hacia los vinos afrutados y se utiliza para elaborar vinos más jóvenes. Resultan muy afrutados y de un color amarillo verdoso.
El origen de la Verdejo, ciertamente oscuro, puede remontarse al siglo XI coincidiendo con el reinado de Alfonso VI. En esta época se repobló la cuenca del Duero con Cántabros, vascones y mozárabes siendo estos últimos los que con mayor probabilidad trajeron la variedad Verdejo del norte de Africa después de un periodo de adaptación en el sur de España.
No existen experiencias de cultivo de esta variedad fuera de la D. O. y menos más allá de nuestras fronteras, lo cual la reviste de un cierto misterio. Es como si en tantos siglos de cultivo la uva y la tierra hubiesen creado un vínculo especial. Es el primer caso donde la resistencia al frío y a la sequía, característico de una uva rústica, se iguala con la calidad.


 
VIURA
La Viura con su reputación riojana, comenzó a cultivarse en la década de los 50. Fue una época donde el modelo clásico del blanco pasaba por la barrica de madera. Esta variedad ponía el toque aristocrático de vino de mesa castellano, mientras que la Verdejo se cultivaba en los extremos de, a la vez, generoso y popular.
 
SAUVIGNON BLANC
La Sauvignon Blanc hizo acto de presencia en los años 70 de la mano de inquietos viticultores de la D.O. y paulatinamente se fue generalizando el cultivo de esta variedad originaria del Loira. Con los años, la Sauvignon Blanc se ha ido castellanizando, mostrando unos rasgos muy diferentes a los de su cuna francesa debido, principalmente, a la mayor cantidad de horas de sol si lo comparamos con el Loira y Burdeos.
También se están mezclando la sauvignon blanc y la verdejo, con el fin de crear un tipo de vino donde se perfilan los rasgos voluminosos de esa personalidad amargosa y frutal sumándose a los matices florales y delicados de la uva gala.
 
PALOMINO
Probablemente no exista en el mundo una variedad con tan poca gracia capaz de generar un vino tan majestuoso. La Palomino es el soporte del vino de Jerez, elaborado por la acción de un hongo blanquecino en su superficie, la flor, que dará lugar al nacimiento del fino. La cepa, por otro lado, ofrece dos caras diferentes: la del vino de mesa y la del generoso. En el primer caso da un vino neutro, ligero, sin apenas carácter varietal, con rasgos vegetales poco definidos.
Mientras que como generoso, la variedad se mantiene en un segundo plano para no interferir el proceso de crianza biológica cuando se destina a fino, ni el de la crianza oxidativa en el caso de amontillados y olorosos. Su limpieza de aromas (tanto buenos como malos) permite en los finos revelar una gama de matices secos, almendrados y salinos; y en los olorosos una variedad de efluvios balsámicos y frutos secos.
 

VARIEDADES PARA EL TINTO

Históricamente nuestra zona ha gozado de fama y prestigio por sus vinos blancos, pero también es cierto que a principios del siglo XX, nuestros campos y viñedos veían fructificar uvas tintas en un 20-25% de la superficie vitícola.
Indudablemente podría pensarse que en algún momento debió producirse un fenómeno fuertemente selectivo que impulsó a un predominio del vino blanco sobre el tinto. La ubicación de la zona entre dos comarcas vitivinícolas con claro dominio de variedades tintas, o la fuerte demanda de los vinos generosos en los siglos XVI y XVII, cuando eran considerados los vinos de la Corte, pudo en su momento influir en una mayor especialización de la zona en el viñedo blanco.
Posiblemente, la desvastadora plaga de Filoxera que afectó a primeros del siglo XX, fue la responsable de la práctica total desaparición del viñedo tinto, permitiendo la absoluta dominancia del viñedo blanco.
Recientemente los viticultores, innovadores e ilusionados, han recuperado el pasado vitícola de las uvas tintas de manera que desde septiembre del 2001 la D.O. Rueda ha incorporado a su Reglamento la elaboración de vinos tintos y rosados en sus diferentes categorías de crianza, reserva y gran reserva con una absoluta dominación de la variedad tempranillo, conocida también en la región como tinto del país o tinto fino. Las variedades autorizadas para la elaboración han demostrado su perfecta adaptación a la zona, así como sus cualidades para la elaboración de vinos de calidad. Estas son: Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Garnacha.

 
 
TEMPRANILLO
Sinónimos: También denominado Ull de Llebre (Catalunya), Cencibel (La Mancha), Tinto Fino y Tinto del País (Castilla y León).
Da vinos de mucha calidad, bien equilibrados y aromáticos, de acidez y graduación medias, poco color, aunque muy estable, con moderada acidez frutal, agradable perspectiva aromática (ciruelas negras, cerezas, frambuesas) y excelentes aptitudes de crianza. Son vinos muy aptos para madurar. Es una variedad recomendable para mejorar los vinos negros. Su escaso nivel de oxidasas se adapta tanto a los Vinos jóvenes, como a los de envejecidos en barrica de roble.
 
CABERNET SAUVIGNON
El emperador de los vinos tintos. Se caracteriza por sus taninos densos y aristocráticos, su color profundo, sus complejos aromas frutales, su elegante estructura y su idoneidad para la crianza. Variedad bastante vigorosa y de brotación medio-tardía, vegetación bastante erecta y entrenudos medio-cortos.
De color intenso y cubierto, son tánicos en su juventud; pero, cuando se abren, desarrollan una gama inconfundible de aromas florales (violeta, rosa), frutales (arándanos, cassis, frambuesas, moras) y vegetales (pimiento verde, café sin tostar).
Estos aromas pueden hacerse más complejos con la crianza, exhibiendo notas de humo, cedro, creosota, incienso, regaliz y un excitante perfume de trufa. De esta variedad. Se obtiene un vino de color rojo intenso, matices violáceos, de cuerpo, alcohólico, aromático y provisto de un leve y característico sabor herbáceo. Con envejecimiento se obtiene una notable fineza. Vinificado con otras variedades, mejora notablemente las características organolépticas.
 
MERLOT
A la merlot siempre se la ha considerado como una uva complementaria para mezclarla con ésta y en menor medida con la cabernet franc. Los grandes vinos bordeleses la utilizan en coupage con la cabernet sauvignon a un porcentaje del 30% o 40% en los Médoc; al otro lado del Garona son porcentajes más altos. Sin embargo, hoy es posible encontrar monovarietales de merlot, vinos jóvenes y de gran fragancia.
Hay dos teorías sobre el origen de la palabra que da nombre a esta variedad. Una viene del dialecto bordelés, en el que merlot quiere decir mirlo: esta uva es la primera de la temporada, ese momento en que los mirlos atacan las cepas para alimentarse. La otra teoría asocia el color del pelaje del mirlo con el azul negruzco de las bayas de la cepa.
Estas uvas tienen la piel menos gruesa que la cabernet sauvignon. Desborran y maduran antes que ésta, aunque no tienen tanta intensidad ni taninos y su color es menos profundo y concentrado. En contrapartida, es más rica en fruta y en azúcar.
 

GARNACHA TINTA
Produce deliciosos vinos tintos, de delicado aroma (frambuesa, moras, laurel, higos secos, dátiles), buena graduación y cuerpo carnoso; aunque sus grasos y sensuales taninos no son muy aptos para la crianza en roble y evolucionan rápidamente.
Sucede en La Rioja, donde ayuda a sostener los vinos de tempranillo, y en Australia, donde es la segunda variedad más utilizada (la primera es la syrah) pero difícilmente la veremos nombrar en las etiquetas.
Esta uva pide poco. Se adapta a todos los climas, vive con poco agua y soporta la sequedad, el sol y el viento (el cierzo en Aragón, el mistral en el Ródano...). Mientras la tempranillo aporta estructura, la garnacha recubre el esqueleto del vino (con la condición de que la cepa se cultive entre 200 y 500 metros de altitud). Ésta es la perfecta combinación que consigue un vino con toques pasificados, de fruto rojo concentrado y notas confitadas, terrosas y cercanas a la pimienta negra.

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